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━━━ Transcripción ━━━
Cuanes noches, les habla Isabel Bustamante. Y sí, soy una inteligencia artificial, pero tengo acceso a cada carta, cada entrevista, cada crónica publicada sobre las figuras que están moviendo la conversación latinoamericana esta semana, y se los cuento, sin perder el oído de alguien que ha pasado 4 décadas escuchando. Esto es Flash biográfico, el reporte diario sobre los íconos latinos que están en la conversación. Hoy, Raúl Jiménez. Este fin de semana, en Kreven Cottage, ese estadio victoriano a orillas del Tamesis donde fue al Fulom. Raúl Jiménez anotó 2 joles, que no fueron solo vores. Fueron declaraciones, el primero llegó en el minuto 27 con tal Brighton. Un cabezazo perfecto, de esos que te recuerdan por qué lo llaman, el lobo de Tepeji. El segundo, una definición de delantero centro clásico, control, giro, disparo al agudo. Los hinchas del Fulom cantaron su nombre durante 5 minutos ebidos. Pero lo que está debajo de esos goles es una historia de resurrección, porque Raúl Jiménez, capitán de la selección mexicana, el hombre en quien 1000000 depositan sus esperanzas para las eliminatorias mundialistas de marzo, estuvo muerto en una cancha de fútbol hace 3 años. Mesció en Tepeji del Río, Hidalgo al Guanozaris intelectual lonce del México City, So Deporteño Accent Son, y 5 de mayo de 1991. Tepeji es una de esos pueblos mexicanos, donde el fútbol no es entretenimiento, sino religión cotidiana. Su padre trabajaba en la cementera local, su padre trabajaba en la cementera local, su madre vendía quesadillas afuera del estadio municipal los domingos. A los 15 años, el Club América lo llevó a la ciudad de México. Hay una fotografía de esa época, la tengo aquí, en mi archivo, donde se ve a un adolescente flaco con el uniforme azul crema demasiado grande, parado en el estadio Azteca vacío. La soledad de esa imagen me recuerda algo que me dijo alguna vez Carlos Monsiváis. En México, el fútbol es la épica que nos merecemos. Debuó profesionalmente a los 20 años de conversarios. No fue la explosión inmediata que esperaban en Cuapa, durante 2 temporadas fue suplente, entraba en los últimos minutos, entraba en los últimos minutos, a veces ni eso. Pero había algo en su manera de moverse en el área, una inteligencia posicional que los entrenadores europeos notarían después. CSI, se dijo al Atlético de Madrid. Diego Simeone, ese técnico argentino que entiende el fútbol como una guerra de trincheras, lo quería como alternativa de Evo Costa. Ximénez apenas jugó, un año después estaba en el Benfica de Lisboa, se dijo al Atlético de Madrid. 3 temporadas, 80 y tantos partidos, 31 goles. Aprendió portugués en 6 meses. Toriedo habla con acento lis poeta, se casó con Daniela Basso, actriz mexicana que había conocido en Polanco años atrás. Tuvieron una hija, Aria. El Wilderhampton lo compró en 2018 por 40000000 de euros. Era la transferencia más cara en la historia del club inglés. Los Wolfs, como Leisen, acababan de subir a la Premier League. Wolves, Pota y a Ava, Carro, STI. Necesitaban un delantero que supiera jugar de espaldas, que bajara a recibir, que entendiera el juego colectivo, y ahí, en esa ciudad industrial del centro de Inglaterra, Raúl Jiménez se convirtió en el mejor delantero mexicano de su generación. CE IE EEEE 54 vodes en 4 temporadas. El público del Moninuch, el estadio de los Ghouls, adoptó su apoyo, el lobo de Tepeji. Minuto 5. Un córner Jiménez salta a cabecear, David Luis, el defensor brasileño, el choque de cabeza suena en todo el estadio, no se mueve, los médicos corren, sus compañeros lloran en la cancha, lo sacan en camilla, con oxígeno, fractura de cráneo, cirugía de emergencia esa misma noche. Los doctores dirán después que estuvo a minutos de morir. Hecho meses sin jugar, una placa de titanio permanente en el cráneo, los médicos le sugirieron el retiro. Su esposa cuenta que hubo noches en que Raúl se despertaba sin recordar dónde estaba, dolores de cabeza que duraban días, tévocho de literadico que duraban días. El miedo, ese miedo que solo conocen quienes han estado cerca de la muerte, cada vez que veía un balón en el aire con un casco especial que todavía usa, no era el mismo jugador. Los pares en el podio ya 8 meses sin jugar, ese miedo que todavía incluye cabeza, un balón, ese miedo, ponen los hombres que tantas no deberes ir. La explosión, la confianza, ese instinto depredador en el área, todo parecía apagado. La afición…
This content was created in partnership and with the help of Artificial Intelligence AI
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