#33 La Odisea - Homero cover art

#33 La Odisea - Homero

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No me dieron los dioses el talento del canto que hechiza las almas, ni la visión del poeta que encuadra palabras. Mas quiera la Musa, hoy día, poder ayudarme, pues deseo hablar de la historia del pacientísimo Ulises, destructor de ciudades.Hay algo que siempre me maravilló de los mitos y las leyendas:La idea de lo eterno; lo continuo. De lo que, frente a lo que cambia, queda. Pues, similar a los inmortales que habitan el éter divino, el mar de anchos caminos, o el sombrío país de los sueños, parecen haber patrones en la experiencia humana que, aunque se transforman, perduran a través del tiempo.La Ilíada y La Odisea funcionan, en parte, porque logran conectar con esas disposiciones recurrentes. Y en ese algo que persiste se esconde un sutil tipo de magia que, me parece a mí, es de los más bravos encantamientos del arte.Los milenios pasan; las estructuras sociales cambian; nacen nuevos idiomas y culturas. Cambia el ritmo con el que las personas viven y entienden la vida; y cambian las maneras en que se considera correcto vivir. Sin embargo, a pesar de todo eso, hay historias que no sólo sobreviven, sino que continúan vivas. Se siguen contando e interpretando, a las luces y sombras de los efímeros días que a cada uno le toca vivir.Yo me imagino a innúmeras personas narrando, bajo el cielo poblado de estrellas, el dilema de Aquiles, el de pies ligeros: elegir entre una vida larga, tranquila y olvidable, y una existencia corta que le dé gloria eterna. Imagino a madres de madres contando a sus hijos las astucias de Ulises, el de heroica paciencia: cómo engaña a los cíclopes; cómo se las ingenia para oír, sin perderse, el canto de las hermosas sirenas, que hechizan a todos los hombres; y cómo navega, en su oscuro navío, hasta el mismísimo límite del mundo; hasta aquel tenebroso país que permanece sumergido entre la bruma y la niebla, y por el que jamás han aparecido los brillantes rayos del sol.Recuerdo a mi padre hablándome de los aqueos, de hermosas grebas, en feroz y épico combate con los troyanos altivos, mientras los dioses escogían a sus preferidos entre los pobres mortales. E incluso hoy, antes de encontrarse con el Sueño, soberano de todos los dioses y todos los hombres, Aurelio, mi hijo querido, se maravilla escuchándome repetir las aladas palabras de Homero.Ahora bien: ¿cuáles serían esas fuerzas atemporales que encontramos en la Odisea?La Odisea es, principalmente, una historia sobre el regreso: la larga y difícil restitución de un orden perdido.Ese impulso por volver —que guía a Ulises por mares inciertos y tierras extrañas; que lo hace continuar, incluso cuando fuerzas terribles lo amenazan de muerte, u otras, igual o más terribles aún, lo seducen con los placeres del cuerpo y del olvido—, ese impulso por volver, decía, es una de las fuerzas más persistentes en la experiencia humana.Ulises no sólo quiere sobrevivir, quiere volver a casa, quiere volver a ser el padre de Telémaco, el esposo de Penélope, el Rey de Ítaca. Lo paradójico es que para poder volver tiene que cambiar, tiene que mentir, disimular, transformarse. No puede seguir siendo el mismo después de ver morir a sus amigos, de convivir con dioses y monstruos, de pasar por el mismísimo infierno con tal de volver. Ítaca tampoco puede ser la misma de cuando él partió. Telémaco ya creció sin padre, Penélope ya envejeció en soledad, su casa fue tomada por otros hombres y su madre ya falleció en la tristeza de no verlo volver.Y lo comprendemos.Porque nadie vuelve igual de la guerra.Ni del amor.Ni de la enfermedad.Ni de la pérdida.Ni siquiera del paso del tiempo.Lo comprendemos.Por la increíble nostalgia que nos provoca reconocer que en realidad no es posible volver.Sin embargo, no dejamos de añorar un país, un barrio, una casa, un amor, una época, una versión de nosotros mismos.Al final Ulises vuelve, pero no él es el mismo Ulises que se fue, ni su hogar es el mismo reino que dejó.Entonces, ¿qué significa volver?El regreso no es a un lugar físico, no es a Ítaca, a Macondo, o a Comala, sino aquello que le da forma y sentido a la vida.Volver no significa recuperar un pasado intacto, sino reconstruir una continuidad después del cambio y la transformación.Quién sabe, hoy por hoy, para mí, volver puede significar, animarse a colgar hamacas del horcón, a guardar aquel cajón de las maletas hechas, o aprender a hacer café. Para terminar quisiera decir que la Odisea es la madre y padre de todos los cuentos de aventuras occidentales, está llena de poesía que nos enaltece por dentro. De escenas de acción que no dejan de provocar asombro, y de conmovedores momentos que ahora me acompañaran por siempre.Ojalá mañana, cuando te despierte la Aurora de dedos de rosa, te acompañen a vos también.
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